En nuestra sociedad actual estamos rodeados de mensajes que nos enseñan cómo relacionarnos con los demás: técnicas de comunicación asertiva, liderazgo, gestión de conflictos, técnicas de comunicación con nuestra pareja, con los hijos….pero pocas veces se presta atención a cómo nos hablamos a nosotros mismos y, paradójicamente, somos las personas con las que más tiempo pasamos a lo largo del día.
Nuestro autodiálogo nos va guiando: nos decimos qué vamos a hacer, valoramos cómo hemos solucionado ésta o aquélla situación, nos contamos qué pensamos acerca de nosotros mismos… El problema es que, al ser un diálogo interno, no cuidamos nuestras palabras como cuando nos comunicamos con otra persona; hasta tal punto que muchos de esos mensajes no se los diríamos ni a nuestro peor enemigo: “ qué desastre soy”, “ nunca me sale nada bien”, “no soy capaz”…
Nos exigimos, nos culpamos, nos criticamos con dureza y “no nos pasamos ni una”.
La forma en la que nos hablamos va a frenar o a impulsar nuestra vida, y va a marcar en gran medida nuestra autoestima y nuestra capacidad de amarnos a nosotros mismos y a los que nos rodean.
Te vamos a decir algo: los pensamientos y las palabras que nos decimos tienen un peso y unas emociones asociadas, y nos hacen sentir igualmente enfadados, frustrados, tristes….y son emociones negativas que nos van acompañando.
Esta manera de hablarnos es un hábito que hemos ido construyendo a lo largo de los años, pero podemos empezar poco a poco a crear nuevos hábitos. Te damos algunas claves:
- Dedica unos minutos al día a hacer este ejercicio: Mírate con cariño. Sonríete a ti mism@. Pregúntate qué necesitas.
- Descubre tu voz. Decide cómo quieres hablarte, mirarte. Encuentra el tono cariñoso pero firme que te ayude a hablarte con respeto.
- Pregúntate, ¿qué necesito oir ahora? ¿qué me va a ayudar a sentirme mejor y a mejorar la próxima vez?
- Si te cuesta diferenciar si es un mensaje constructivo o no, dilo en voz alta y valora cómo suena. En nuestra mente los mensajes parecen más “suaves”. Esto nos va a ayudar a afrontar y a cambiar esta forma negativa de hablarnos
- Pregúntate: “ esto que me estoy diciendo ahora, ¿se lo diría a otra persona?” Piensa en la persona que más quieres ( una amiga/o, un hijo, tu pareja, un familiar…) ¿qué le diría en esta misma situación? A veces inconscientemente pensamos que podemos ser duros con nosotros mismos, que no pasa nada, que nos vendrá bien. Si a otros no les ayuda, ¿por qué con nosotros mismos va a ser diferente?
- Por último, observa que cuanto más te tratas con bondad, más emociones agradables comienzas a experimentar: alivio, alegría, tranquilidad… aprender a perdonarnos, comprendernos, animarnos… es la mejor decisión que podemos tomar para mejorar nuestra calidad de vida.
Recuerda: cuídate y aprende a tratarte como realmente mereces y necesitas: con cariño, amabilidad y comprensión.
Alicia Jiménez Castellot
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